- Comentario sobre el vídeo la demostración pedagógica de Ana Vázquez de Castro: https://www.youtube.com/watch?v=dDVOicIHfmU&ab_channel=avidosis
El cuerpo es la principal herramienta de formulación artística en todas sus prácticas; desde la música, la danza y la ópera, hasta las artes plásticas más apolíneas como la pintura y la escultura. Todas ellas requieren de una expresividad corporal que nos vincula emocionalmente con el espacio. Se trata, pues, de una actitud física que se traslada al día a día como parte vital de nuestra forma de ser, ya que somos animales atravesados por el movimiento, seres impulsados por la fuerza inagotable y volitiva que mueve al mundo. “Danzad, danzad, malditos”, diría Sydney Pollack, pues ni la más rígida estatua permanecerá quieta.

Esta especie de “maldición” es la que atraviesa el relato del actor y la máscara, esto es, nuestra historia: la narración prometeica de un ser humano débil, cuya esencia no es otra que la de esconderse bajo el abrigo de una máscara para huir de la azarosa y desafiante naturaleza que acomete contra nosotros; y, ante la cual, a golpe de engaño, tratamos de tomar distancia pese a que, tarde o temprano, acabe por llegar.
Así es como la actriz y directora Ana Vázquez de Castro, nos introduce en su particular universo, una atmósfera que tiene como única condición asumir que la vida es un teatro. Dicho esto, se trata de una clase magistral, una demostración pedagógica que pone de manifesto la importancia que tiene el cuerpo y el movimiento, no tan solo encima del escenario, sino también, y, sobre todo, en nuestra cotidianeidad. En el fondo, la actuación de Ana Vázquez es deudora de la Commedia dell’Arte y el teatro de máscaras, por lo que, a priori, puede parecer (de hecho, lo es) una clase de interpretación con caretas. No obstante, tal y como ella lo expresa, la máscara es mucho más que una máscara; es un medio de representación que pone en valor la personalidad de un sujeto y sus rasgos físicos y psicológicos. Con ello, la máscara imprime sobre el actor una serie de exigencias de orden físico, es decir, una actitud corporal que debe contribuir a la expresión de una Así es como la actriz y directora Ana Vázquez de Castro , nos introduce en su particular universo, una atmósfera que tiene como única condición asumir que la vida es un teatro. Dicho esto, se trata de una clase magistral, una demostración pedagógica que pone de manifesto la importancia que tiene el cuerpo y el movimiento, no tan solo encima del escenario, sino también, y, sobre todo, en nuestra cotidianeidad. En el fondo, la actuación de Ana Vázquez es deudora de la Commedia dell’Arte y el teatro de máscaras, por lo que, a priori, puede parecer (de hecho, lo es) una clase de interpretación con caretas. No obstante, tal y como ella lo expresa, la máscara es mucho más que una máscara; es un medio de representación que pone en valor la personalidad de un sujeto y sus rasgos físicos y psicológicos. Con ello, la máscara imprime sobre el actor una serie de exigencias de orden físico, es decir, una actitud corporal que debe contribuir a la expresión de una emoción, un sentimiento, un estado. De esta manera, con y sin máscara, la postura corporal nos lleva, directamente, a la asunción de un personaje y la representación de un estereotipo.

Así es como Ana Vázquez demuestra, mediante la disociación del cuerpo, las diferentes actitudes corporales que se pueden adquirir a través de movimientos como la traslación, la rotación, la torsión y la inclinación de las distintas partes del cuerpo: cabeza, pecho y pelvis. Esto se puede relacionar con el emocionalismo de las apariencias, una teoría que rescata las emociones de segundo orden, es decir, aquellas que inferimos de los demás mediante la observación de rasgos en tercera persona; propiedades que muestran, aparentemente, si alguien está triste, alegre o enfadado. En el fondo, no sabemos cómo se siente, pero su apariencia nos dice mucho sobre su estado: «camina lentamente con los hombros caídos y mirando hacia abajo». Así pues, «las actitudes corporales del ser humano tienen un carácter expresivo incluso en los casos en los que los propietarios de los cuerpos no se sienten como parecen hacerlo» (Davies, 2017, pág. 28).
A continuación, tras haber hecho una demostración sobre la influencia del cuerpo en la actuación teatral y la percepción de emociones, la actriz introduce el elemento máscara, ese gran invento de los etruscos que ha traspasado la historia del teatro. La máscara, como ya he dicho, es un dispositivo que acentúa la expresividad corporal del movimiento, de la danza; pero, al mismo tiempo, es el propio movimiento el que da vida a la máscara. Esto se puede ver en el momento en el que dos voluntarios salen a improvisar con la careta puesta (min 52:00). En este caso, ambos demuestran que la intencionalidad corporal del actor puede alterar el significado de la máscara a través de la gestualidad, la actitud física, y la gestión del espacio mediante el cuerpo. Esto es, precisamente, lo que hace la danza como forma de expresión artística y vital. De hecho, muchas de las danzas totémicas como la danza del Venado, hacen uso de grandes máscaras (acompañadas de movimiento) para imitar fielmente a los animales. Otro ejemplo serían las danzas de la muerte de origen medieval, como las que aparecen en el Libre Vermell de Montserrat, donde los peregrinos, disfrazados de monjes, bailan con máscaras de la muerte.

Todo ello pone de manifiesto la relación tan directa que hay entre la danza y la máscara. De hecho, la intención que tiene Ana Vázquez de rescatar la máscara como elemento primordial, viene motivada por una crítica al sedentarismo corporal que los actores europeos han desarrollado en las últimas décadas. De esta manera, la denuncia que hace la actriz, tiene como objetivo la reivindicación y recuperación del movimiento a través de la máscara como método de aprendizaje y desbloqueo corporal . Así pues, la idea del actor y la máscara, converge en la necesidad de fomentar la expresividad corporal en las personas, pues la máscara, toda vez que se ajusta a nuestro rostro, activa una serie de mecanismos que estilizan y agrandan nuestra forma de ser; pero, al mismo tiempo, requiere de nuestra participación y precisión gestual mediante la activación del cuerpo.
A este respecto, Ana Vázquez nos muestra la infinidad de máscaras que hay entre las denominadas
expresivas, como la "embrionaria" y la de "carácter"; no obstante, basta con acudir a la "neutra" para darse cuenta del potencial que adquiere la simple conexión entre un rostro A este respecto, Ana Vázquez nos muestra la infinidad de máscaras que hay entre las denominadas expresivas, como la embrionaria y la de carácter; no obstante, basta con acudir a la neutra para darse cuenta del potencial que adquiere la simple conexión entre un rostro indefinido y el movimiento del cuerpo.
Es sencillamente hermoso ver la capacidad que tiene la actriz para ocultarse tras una máscara neutra y recrear la secuencia de una aventura por la montaña. Todo lo demás es arte, tanto el número clown como su versión del Otelo de Schakespeare, dos performances que vuelven a manifestar la delicadeza del cuerpo humano, la belleza de la danza y la importancia del movimiento, el ritmo y el espacio, tanto dentro como fuera del teatro.
Como conclusión, podemos decir que nuestra confrontación con el mundo pasa por tener una actitud física, corporal y dinámica. No podemos escapar de la implacable teoría que es nuestro cuerpo, pues salimos a caminar con nuestras emociones, expectativas y vínculos afectivos. Como diría Foucault, «el cuerpo es el punto cero del mundo, allí donde los caminos y espacios se encuentran» .
Con ello, la danza pasa a ser el medio expresivo más importante y vital del ser humano, pues constituye la herramienta más básica de comunicación con el mundo. Bailar es una actitud, un modo de ser; es aquello que nos motiva a seguir articulando la vida paso a paso, siendo, de uno mismo, su propio coreógrafo. Tal y como apunta Ryan Heffington: «todos tenemos nuestra forma hermosa de movernos, y esto, merece ser celebrado […], un mundo con más danza, es un mundo más alegre».
Bibliografía
Davies, S. (2017). Cómo entender una obra musical, y otros ensayos de filosofía de la música. Madrid, España: Cátedra.
Foucault, M. (2010). El cuerpo utópico, las heterotopías . Argentina: Nueva Visión.
Filmografía
El ACTOR y la MASCARA - demostración pedagógica completa, de Ana Vázquez de Castro: https://www.youtube.com/watch?v=dDVOicIHfmU&t=3401s
How Dance Can Unleash Your Inner Joy, Ryan Heffington (TED): https://www.youtube.com/watch?v=ZHhmi2bS0hU
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