lunes, 17 de marzo de 2025

¿Y si el examen PAU fuera un comentario de imagen?

Richard Long y Rousseau en el andar como práctica artística (y filosófica) 

A Line Made by Walking es una escultura, fotografía y performance arquitectónica realizada por el artista británico Richard Long en 1967. Se trata de una línea, una hendidura en la tierra provocada y fundada por el acto de andar del artista, fotografiada en blanco y negro como único vestigio de una escultura efímera. Esta obra o “no-obra” constituye un hito en la historia del arte contemporáneo en el marco del “andar como práctica estética” y la búsqueda del antiarte, que va desde los dadaístas y la deambulación surrealista hasta la deriva situacionista. A su vez, representa una vertiente dentro de esta práctica, el Walk land, un tipo de Land art cuya génesis tiene lugar en el acto performativo de andar. 

La fotografía muestra una imagen equilibrada, simple y minimalista, sin elementos que puedan perturbar la imaginación. Una línea vertical divide la composición de la imagen en dos secciones simétricas y se aleja hasta llegar al horizonte marcado por la base de los árboles, que a su vez divide la fotografía en dos franjas horizontales. En la parte superior de la imagen, las copas de los árboles cierran el campo visual dejando entrever el cielo. La armonía de estos 3 elementos –hierba, árboles y cielo–, solo es perturbada por la huella del artista, eje central de la imagen. Este ir y venir que puede imaginarse en el acto performativo de caminar, previo al surgimiento de la escultura, permite crear un desdibujamiento entre principio y fin, un andar lúdico: el andar por andar como condición del errare humanum est vinculado a la naturaleza.


A Line Made by Walking representa la exploración del paisaje, del salvajismo, como una propuesta primitiva, arcaica y gaiana del ser humano en contacto con la naturaleza, medio para desarrollar la pureza y las buenas pasiones. En este sentido, el simple gesto de andar, que el artista manifiesta como un acto de felicidad, adquiere un tinte rousseauniano si se piensa en el contexto del antiarte como búsqueda de lo puro y ausente, frente a lo artificioso, escultórico, racional y apolíneo. Aquí, el escenario donde se realiza «es un espacio natural y sin tiempo, un paisaje eternamente primordial, donde la presencia del artista constituye ya por sí misma un acto simbólico...[que] revive una espacialidad neolítica en busca de los orígenes del arte» (Careri, 2014, págs. 122-140).

Estos mismos orígenes son los que reivindica Rousseau en su filosofía política – en El contrato social y el Discurso sobre el origen y fundamento de la desigualdad–, como crítica a la civilización y el progreso, cuyas sociedades han degenerado al hombre bueno por naturaleza. Rousseau inicia su pensamiento a raíz de la pregunta planteada en 1749 por la Academia de Dijon: “¿Ha conseguido el desarrollo de las ciencias y las artes que los hombres sean moralmente mejores?”; respondiendo, en el Discurso sobre las ciencias y las artes, con una profunda crítica a los ideales de progreso ilustrado. De esta manera, Rousseau se erige como el primero y más ilustrado de la Ilustración, no solo por responder a sus principales dilemas, sino por ser su mayor detractor y sospechoso, con visos de un espíritu pre-romántico antecesor al de filósofos como Nietzsche. Este gesto pre-romántico, pre-nietzscheano, que también estará presente en la búsqueda del antiarte, invade con un cierto vitalismo la performance de Long. La fotografía muestra el caminar como un acto en sí mismo, puro, lúdico, sin necesidades, reflejo de una vida plena y sencilla como la del buen salvaje en el Estado de Naturaleza. Al igual que Long, que detiene el tiempo en el hollar de la tierra, fruto de un caminar despreocupado y desinteresado, el mito del buen salvaje presenta a un humano bueno, feliz e independiente, alejado de los intereses sociales. A Line Made by Walking no tiene público, no tiene a nadie más que a él y su gesto nimio, insignificante. Camina libre y sin prejuicios, como en el Estado de Naturaleza, con un sano amor hacia sí mismo y libre de ataduras. Puesto que la obra está realizada al margen de la sociedad, esta carece de normas morales y convenciones sociales, las mismas que repudian tanto el arte de Richar Long como la filosofía de Rousseau. Para Rousseau, el mito del buen salvaje no es solo un instrumento de análisis que permite localizar el origen del mal social, sino que también nos orienta hacia un modelo civil y político acorde con el ideal de naturaleza y pureza sentimental. En este sentido, el andar como práctica artística refleja el vínculo rousseauniano con la naturaleza, esta como medio en el que refundar las bases de una sociedad en igualibertad. No son pocos los autores que, después de Rousseau, han buscado reafirmar dicha condición humana a través del caminar, como Thoreau: «Ninguna riqueza es capaz de comprar el tiempo libre, la libertad y la independencia que constituyen el capital de esta profesión» (1998, pág. 9). O el mismo Nietzsche, quien resaltó la importancia de deambular y filosofar al aire libre como una «doctrina de salud» (El paseante y su sombra).

Dicha visión del mundo incivilizada, libre y natural, también está presente en Rousseau y sus deambulaciones en Las ensoñaciones del paseante solitario:

«no he visto manera más simple y más segura de ejecutar esta empresa que llevar un registro fiel de mis paseos solitarios y de las ensoñaciones que los llenan cuando dejo mi cabeza enteramente libre y a mis ideas seguir su inclinación sin resistencia ni traba. [...] soy yo plenamente y para mí sin distracción ni obstáculo, y en que verdaderamente puedo decir que soy lo que la naturaleza ha querido» (2008, pág. 33).

En este sentido, caminar se convierte en un gesto necesario para la defensa de una Ilustración más naturalista, pues pasear permite fomentar las capacidades imaginativas e intelectuales puras de la condición humana natural. Para Rousseau la naturaleza es la madre educadora de Emilio, necesaria para reconducir la virtud del ser humano de forma espontánea y sin imposiciones artificiales. Si existe una ley moral natural grabada en los corazones de los seres humanos, para recuperarla es necesaria una educación libre, en contacto con la naturaleza y alejada del academicismo ilustrado, de los vicios, de lo artificial y del uso excesivo de la razón. En este sentido, tanto la obra de Long como los paseos de Rousseau vinculan al ser humano con la naturaleza y desenmascaran su pureza, despertando su mente y desarrollando su deseo de aprender. Dicho deseo está orientado a formar buenos ciudadanos que contribuyan al bien común y al principio de igualdad, principio que está expresado en la propia composición de la obra de Long: la línea vertical divide la tierra en dos segmentos iguales, equilibrados y simétricos, máximas del pensamiento rousseauniano y su contrato social. Para Rousseau, el origen del mal social se encuentra, fundamentalmente, en el desigual reparto de la propiedad, mal que atraviesa la historia de la civilización desde los primeros cercamientos:

«El primero que habiendo cercado un terreno, se le ocurrió decir: Esto es mío, y encontró gentes bastante simples para creerlo, ése fue el verdadero fundador de la sociedad civil...» (Sobre el Origen de la Desigualdad en los Hombres).

En este sentido, hollar y cercar son acciones que se asemejan, la diferencia es que Long (como hubiera hecho Rousseau), no invade la tierra, no la asume como suya ni erige grandes muros permanentes. En todo caso, la línea realizada en la hierba, no con materiales, no con progreso, sino con la sencillez del cuerpo y su movimiento, da lugar a una composición simétrica y un reparto equitativo de la tierra, expresión de la voluntad general de Rousseau. Dicha voluntad atañe a los seres humanos como sujetos virtuosos, que deben ser capaces de pensar en el bien común como cuerpo moral colectivo. Tal enmienda solo es posible mediante un ejercicio absoluto de equilibrio, armonía, simetría. De esta manera, la ley de igualdad está contenida en la simetría de la fotografía de Long, que a su vez es fundamento de esta, y que sustenta las ideas ontológicas primordiales del pensamiento de Rousseau: equilibrio, libertad enajenada y voluntad general. A Line Made by Walking no muestra un exceso de deseos ni de vicios, sino una vida sencilla relegada al puro acto de caminar en la naturaleza. Tal sencillez es la que se expresa en la consecución de un Estado modesto, cuya soberanía es accesible a todos y depende de todos, como el simple acto de caminar. Dicha sencillez, por último, se expresa en la concepción rousseauniana de la religión, una religión natural y universal desprendida de dogmas y artificios eclesiásticos.

Así pues, el andar como práctica estética, pedagógica y ontológica, conecta el Walk art de Richard Long con la filosofía naturalista de Rousseau, quien atisbó en nuestro primigenio vínculo con la naturaleza –cuyos orígenes se remontan al gesto de caminar– el sendero hacia un futuro mejor.


Bibliografía

Careri, F. (2014). Walkscapes: el andar como práctica estética. Barcelona: Gustavo Gili. 

Rousseau, J.-J. (2008). Las ensoñaciones del paseante solitario. Madrid: Alianza. 

Thoreau, H. D. (1998). Caminar. Madrid: Árdora Exprés.

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